La buhardilla 

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Ya estamos en la nueva casa. Nos ha costado mucho, pero por fin hemos estrenado nuestra propia casa. Después de varios años de espera, con un retraso considerable por parte de la empresa constructora, finalmente hemos podido mudarnos. Ahora nos quedan meses de adaptación por delante, pero es una fase mucho más agradable que la incertidumbre de los dos últimos años. Y pese a que tanto yo como mi marido estamos entusiasmados con la nueva casa, es mi hijo el que lo está llevando con más intensidad: y es que está enamorado de su buhardilla.

Hasta ahora vivíamos de alquiler en un piso. Nos gustaba, pero todos queríamos una casa propia. Cuando yo era pequeña viví en una casa y guardo muy buenos recuerdos de aquella época, y aunque vamos a vivir más lejos de la ciudad, creemos que compensará. A nuestro hijo al menos le compensa que ha sido el que más ha presionado para cambiar.

Ha dicho que él se encarga de todo en su buhardilla. Pese a que podría estar en una habitación más grande, él dijo que quería la parte de arriba. A pesar de su iniciativa, tendré que colaborar con él para amueblar y decorar. Ya hemos mirado unos estores verticales especiales que se adaptan a esta clase de ventanas, además de unas persianas exclusivas. Uno de los problemas de la buhardilla es justamente el tema de las ventanas que deben adaptarse a una estructura diferente a lo habitual. Pero es una de las cosas que más le gusta al chico.

Así que a mí me está tocando apaciguar un poco los ánimos, porque andamos todos un poco exaltados. Lo principal ahora es establecer un orden lógico para la compra de muebles y electrodomésticos. No empezar, como se suele decir, la casa por el tejado. Por eso estamos centrados en cosas como los estores verticales de mi hijo porque la ventana, ahora mismo, no tiene ni estores ni persiana con lo que entra el sol a las 7 de la mañana. Pero no tardaremos en darle solución a esta y otras cuestiones relevantes de nuestra flamante nueva casa.