Promesas 

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Ir al médico con niños siempre es un tour de force, como dirían los franceses. Es difícil convencerlos, sobre todo cuando sabemos que les van a hacer daño, como para ponerse una vacuna o sacar sangre. Nosotros sabemos que el dolor se va en unos minutos u horas, pero el niño ve la aguja y se pone a temblar. Y hay que usar todos los recursos que tengamos a nuestro alcance para lograr el objetivo.

Hace poco tuvimos que sacar sangre al niño y se me agotaron todos los ‘recursos’ habituales. Ya se sabe, que si te vas a portar como un mayor, que si vas a ser muy valiente y demás. Entonces hay que pasar a la fase chantaje. Si dejas que te saquen sangre te daré esto y lo otro. Y como nada funcionaba le pregunté: “bueno, vale, qué quieres, a ver”. Y entonces me dijo que quería lo que tenía Martín en su habitación. Vale, ya sé lo que quieres.

Uno de sus amigos tiene una habitación toda decorada con cosas de Spiderman porque es muy fan incluyendo un estor infantil con la imagen del superhéroe. La verdad es que siempre que veo a un niño con esto de los superhéroes me resulta entrañable porque yo también fui coleccionista de cómics y demás.

Entonces le dije a mi hijo que vale, que venga, que tendrás tu estor. Lo que pasa es que yo no sabía nada de estores, pero una promesa es una promesa. Porque eso sí, yo cumplir promesas, sobre todo con el niño, siempre cumplo. Incluso en ocasiones el niño ni se acuerda de que le había prometido tal cosa, pero para estas cosas soy ‘intachable’.

Así que me tocaba buscar por internet un sitio que fuera especializado en estor infantil y que me ofrecería algo parecido a lo de Martín. Y no fue tan difícil como pensaba, así que finalmente mi hijo tuvo su estor por haberse portado medio bien en el médico. Y esta vez sí que se acordó de lo que le había prometido… pero el estor llegó rápido.