Un gasto más que justificado 

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Cada uno gasta su dinero como quiere, pero es lógico que nos sorprendan algunas costumbres “financieras” de los demás, sobre todo si se diferencian mucho de las nuestras. Por eso a mí me puede sorprender que alguien se gaste un dineral en un coche deportivo, pero luego pienso que esa persona es feliz así, y está en su derecho. Pero en mi caso, cuando “no miro” el dinero es cuando se trata de la salud.

Especialmente tras la pandemia, me di cuenta del nivel de vulnerabilidad del ser humano: nos creemos tan fuertes y eternos con tanta tecnología y progreso, pero un virus de tres al cuarto casi nos tumba. Así es como me di cuenta de que no hay gasto más justificado (en mi caso, al menos) que la salud. Y si hay que apretarse el cinturón con otras cosas, pues se aprieta.

Así ha sido cuando me comunicaron que la mejor opción para mi problema dental era optar por la ortodoncia. Sea cual sea la alternativa que tomes, tendrá un coste elevado ya que esta clase de productos requieren una extraordinaria precisión usando tecnología y materiales de última generación. Y entre las alternativas más interesantes para mí, estaba la Ortodoncia invisible Santiago.

No lo voy a negar: no me hacía ninguna gracia tener que poner un aparato a estas alturas de mi vida. Por una parte, por la cuestión económica. A pesar de que la salud es lo más importante para mí y no me lo pienso mucho a la hora de invertir en salud, es cierto que cuando miras los precios de un producto así, te quedan los ojos como platos. Y, por otro lado, tampoco estaba muy contento por tener que llevar eso en los dientes una larga temporada ya que, a nivel estético, es un poco engorroso, como todos sabemos.

Pero por eso valoré Ortodoncia invisible Santiago, una alternativa más que interesante para una mayor discreción. Comparando los precios de la ortodoncia tradicional y la invisible comprobé que había diferencia, pero que era justificada, al menos para mí.