Un regalo 

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Hace ya tanto que trabajo de forma independiente que no recuerdo cómo era aquello de tener jefes al estilo tradicional. Y tener jefe no quiere decir necesariamente algo negativo. Se asocia al jefe con alguien que es exigente, intolerante y un poco meticón. Pero en ocasiones te encuentras con jefes que no tienen esas características. Y cuando te encuentras con un jefe en condiciones, te puede servir para aprender mucho de tu profesión, que de eso se debería tratar. 

Y aunque ahora no tenga jefes en el sentido estricto, sí que trabajo con gente o para gente y debo cumplir con unas directrices, unos plazos, etc. Al no tener una relación tradicional, no me suelo ver continuamente presionado, pero tampoco guiado. Y tampoco recibo muchas palmaditas en la espalda, como se suele decir.

Por eso cuando hace unos días me mandaron un regalo, me sorprendió mucho. Fue de un colaborador ya veterano que me envió un paquete. Se lo trabajó porque debió buscar cajas de envios de carton personalizadas para darle un toque especial al regalo. No fue algo exclusivamente dirigido a mí, sino, por lo que tengo entendido, a los colaboradores de uno de sus proyectos.

El regalo es un reconocimiento a nuestro trabajo aprovechando que el proyecto ha crecido mucho en los últimos tiempos, más de lo esperado. Por supuesto, ese crecimiento se debe también a nuestra labor por lo que supongo que es un regalo merecido. Pero no tenía porqué hacerlo y, desde luego, para mí ha sido algo totalmente inesperado.

El hecho de buscar cajas de envíos de cartón personalizadas colocándoles el logo del proyecto junto a nuestro nombre ya supone un considerable esfuerzo. Y todo lo que acompaña cada caja, con algún producto tecnológico de nivel, es todo un detalle. 

Esta clase de reconocimiento son más habituales cuando trabajas a sueldo de una empresa con tu jefe, la oficina y todo lo demás. Pero supongo que estos nuevos tiempos en los que las forma de trabajar están cambiando, estos reconocimientos serán más habituales. Es lo malo de esto: luego se acostumbra uno, como con las cestas de Navidad…